Hace exactamente veinte años volví de Milán a Barcelona pensando que sería por unas semanas. Dejé allí un equipo de fútbol, amigos, un posible amor, entrevistas de trabajo y un apartamento que estaba a punto de alquilar. En mi cabeza, aquella historia simplemente había quedado en pausa.
No fue así.
Hay una frase atribuida a Charlie Chaplin que siempre me ha gustado: “Life is a tragedy when seen in close-up, but a comedy in long-shot.” (La vida es una tragedia vista de cerca, pero una comedia vista en plano general.)
Quizá veinte años sean un plano suficientemente abierto.
Porque la vida rara vez respeta el guion que habíamos escrito para ella. Hay llamadas que cambian una tarde y otras que cambian una vida. Hay caminos que se interrumpen, planes que desaparecen y lugares a los que pensamos que volveremos y a los que nunca regresamos de la manera que imaginábamos.
Con los años he aprendido que ser positivo no consiste en esperar que todo salga bien. Consiste, quizá, en aceptar el viento que toca y ajustar las velas.
Mi camino se alejó muchísimo del que imaginaba aquel septiembre de 2006. Pero también me llevó a lugares, personas y vidas que entonces ni siquiera podía imaginar.
Y cuando abro el plano y miro hacia atrás, prefiero hacerlo así: recordando a Nuno haciendo de Maradona —aunque no precisamente el del 86—, ayudando a Mik (AKA Pachanga) a cargar balones en el coche, a Bell bailando descalzo, a Simo llamándome coglione y yo haciendo esfuerzos por entender el resto de sus palabras, a Enri, a las Badizo, Fabio Filzi, las cervezas, el fútbol, l’addio al celibato del Capitano y muchas más historias.
No volví a Milán como esperaba. Pero volví a verlos. Y ellos vinieron a verme.
Veinte años después, el plano se ha abierto y la tragicomedia ha tenido muchos momentos de risas y felicidad pese a esa terrible llamada.
Y quizá por eso una de las bromas de aquellos días terminó convirtiéndose en el centro de esta canción:
«Non ho neanche una casa che mi aspetta.» Le dije a Nuno.
Me equivocaba.
Una casa ce l’avevo già.
Una casa che mi aspetta — Albert Hermid
[Intro]
Milano, duemilasei.
Il Real Bovisa
era pronto a vincere tutto.O quasi.
Mancava solo
uno spagnolo.Possibilmente catalano.
[Verse 1]
Una maglia biancazzurra,
un paio di scarpe e un pallone.Nereo dalla panchina
rimava anche il mio nome.Nuno sembrava Maradona…
non quello dell’ottantasei.Ma sempre Maradona.
Bell ballava a piedi nudi,
Simo mi gridava:
“Cazzo Albert, sei un coglione!”E Michele, Pachanga,
col sedici sulla schiena,
era il taxi meno veloce
di tutta Milano.[Pre-Chorus]
Enri e Giro mi diedero
una maglia e un posto.Anche se avevano paura
che lo spagnolo catalano
li lasciasse in panchina…con il plaid.
[Chorus]
E ridevamo a Milano
come se non finisse mai.Real Bovisa,
Fabio Filzi,
birre, calcio e saponette.Tra una festa
e una partita,
senza sapere dove andare,io dicevo:
“Non ho neanche
una casa che mi aspetta.”Ma una casa
ce l’avevo già.[Verse 2]
Sgarra sul motorino,
io fermo in Via Tonale:“Dove vai, Capitano?
Facciamo solo un giro…”Bancomat,
poi dentro a un furgone.E il resto è storia.
Gavettoni,
balli sudamericani,
i descamizados
a Giulio Cesare.Willy, cinque euro all’ora:
“Schiavista!”Le Badizo…
e quel povero pipistrello
che è meglio
lasciare stare.[Chorus]
E ridevamo a Milano
come se non finisse mai.Real Bovisa,
Fabio Filzi,
birre, calcio e saponette.Tra una festa
e una partita,
senza sapere dove andare,io dicevo:
“Non ho neanche
una casa che mi aspetta.”Ma una casa
ce l’avevo già.[Bridge]
Poi arrivò un appartamento,
proprio accanto alla Sarda.Qualche colloquio,
qualche progetto…Milano cominciava
a sembrare casa.Poi una sera
squillò il telefono.Barcellona.
Mia madre.
E dovetti andare.
[Instrumental Break]
[Final Chorus]
Non tornai a Milano
come avevo immaginato.Ma gli anni non cancellano
quello che abbiamo lasciato.Sono tornato io da voi,
siete venuti voi da me…e siamo ancora qua.
Dicevo:
“Non ho neanche
una casa che mi aspetta.”Che coglione.
Una casa
ce l’avevo già.[Outro]
Real Bovisa.
Per sempre.
Forza Real.