Entre A y B parece, en una primera escucha, la historia de un hombre que ha perdido la memoria y trata de reconstruir aquello que le ha sucedido. Pero bajo esa superficie se esconde una pregunta bastante más inquietante: ¿cómo podemos saber que nuestra razón funciona correctamente si la única herramienta de la que disponemos para comprobarlo es la propia razón?
El protagonista observa el mundo como si fuera un problema que todavía puede resolver. Hay una iglesia que quizá nunca fue una iglesia, un altar que parpadea, unos padres cuyos rostros reconoce pero cuyos nombres ha olvidado, flores que huelen a hospital y una mujer ausente que podría estar muerta, haberlo abandonado o incluso no haber existido nunca.
Ante ese universo inestable se aferra a una certeza: la respuesta no puede ser A ni B.
«Entre A y B» comienza así como una intuición filosófica y termina convirtiéndose en un mantra. El personaje parece pensar que mientras sea capaz de encontrar una tercera posibilidad seguirá demostrando que conserva su inteligencia. Pero la canción introduce una paradoja extraordinaria: aquello que podría constituir su último reducto de lucidez podría ser también la prueba de su delirio.
La niña de los patines es quizá la figura más enigmática. Siempre avanza delante de él, nunca muestra el rostro y parece conocer algo que el protagonista ha olvidado. Podemos imaginar que lo conduce hacia la mujer que busca, pero existe otra posibilidad más hermosa: quizá no lo esté llevando hacia ella, sino hacia él mismo. La niña podría pertenecer a una memoria anterior, a una parte intacta de su identidad que permanece unos metros por delante y que ya no consigue alcanzar.
Por eso resulta especialmente poderoso el final: «si alguna vez consigue girarse, quizá recuerde quién soy». Encontrar su rostro significaría entonces encontrarse a sí mismo.
A su lado camina un absurdo ratón de enormes orejas. Puede ser simplemente una criatura nacida de una mente que mezcla recuerdos y fantasía, pero su presencia contiene una ironía fascinante. El protagonista busca desesperadamente una anomalía que le permita comprender qué está ocurriendo mientras acepta con absoluta normalidad que un ratón camine sobre dos patas delante de él. Tal vez la prueba de que su realidad está quebrada haya estado acompañándolo todo el tiempo.
También podría haber algo más en esa extraña pareja. La niña y el ratón pueden representar memoria e imaginación caminando juntas: una conserva fragmentos de lo ocurrido; la otra rellena los espacios que faltan. El problema es que el protagonista ya no sabe distinguirlas.
Y queda «ella».
La canción nunca permite saber si murió, si lo abandonó, si está visitándolo o si sólo sobrevive como recuerdo. Incluso cabe una posibilidad todavía más perturbadora: que nunca haya existido. Quizá el protagonista perciba dentro de sí una ausencia inexplicable y su mente haya necesitado inventar a alguien que la justifique. En ese caso estaría razonando perfectamente, pero partiendo de una premisa falsa.
Ahí reside probablemente la mayor fuerza de Entre A y B. No trata simplemente sobre perder la cordura, sino sobre algo más aterrador: perder la certeza de poseerla.
Nunca sabemos si estamos escuchando a un hombre cuya mente se está deshaciendo o a alguien que, en medio de una mente dañada, está consiguiendo descubrir la verdad.
Ambas explicaciones funcionan.
A o B.
Y quizá la canción, fiel a su propia lógica, nos esté diciendo que tampoco nosotros deberíamos escoger.
Entre A y B — Albert Hermid
[Verse 1]
He vuelto a la iglesia
aunque nadie recuerda
que aquí hubo una iglesia.Hay una niña
que patina delante.
Nunca gira la cabeza.Yo también llevo patines.
No sé cuándo aprendí.Todos me sonríen
como quien reconoce
a un hombre
que ya no vuelve a casa.[Pre-Chorus]
Todo el mundo insiste
en escoger.[Chorus]
Entre A y B
no está la verdad.Entre A y B
es donde respira.Si eliges A,
pierdes.Si eliges B,
también.Ella está
entre A y B.[Verse 2]
Mis padres han venido.
Preguntan por el trabajo.
Les hablo
de cubiertos blancos,
de esconderme
debajo del delantal.Se ríen.
Como si ya hubieran oído
esa historia
demasiadas veces.Los quiero.
No recuerdo
cómo se llaman.[Chorus]
Entre A y B
no está la verdad.Entre A y B
es donde respira.Todos responden.
Yo sigo buscando.
[Verse 3]
Hay un ratón
que camina sobre dos patas.Tiene las orejas
demasiado grandes
para este mundo.Nunca le veo la cara.
Tampoco a ella.
Siempre delante.
Siempre a mi izquierda.
Como si supieran
algo de mí
que yo olvidé.[Bridge]
El altar
parpadea.Los curas
cambian de uniforme.La luz
es demasiado amarilla.Las flores
huelen a hospital.Y de repente
comprendo
que este jardín
es mi habitación.[Instrumental]
[Final Chorus]
Entre A y B
no está la verdad.Entre A y B
está ella.O su recuerdo.
O la mentira
que inventó mi cabeza
para no perderla.Entre A y B.
Entre A y B.
Entre A…
y…
B…
[Outro]
Mañana volveré
a seguir a la niña.Si alguna vez
consigue girarse,quizá recuerde
quién soy.